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INTRODUCCIÓN
Trasladando a la OFS las siguientes palabras de la carta apostólica Novo Millennio Ineunte: “hacer de la OFS la casa y la escuela de la comunión”, permanecen preñadas de energía y son “el gran desafío que tenemos ante nosotros hermanos de la Penitencia y Asistentes en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo” .
La razón del por qué la OFS es casa y escuela de comunión y en la que la Primera Orden y la TOR se ven implicadas, lo deducimos de la misma Regla paulina: “en maneras y formas diversas, pero en recíproca comunión vital, todos ellos se proponen hacer presente el carisma del común seráfico Padre, en la vida y en la misión de la Iglesia” . Una forma concreta de comunión es la asistencia espiritual, signo, a su vez, de corresponsabilidad .
La casa y escuela de la comunión se construye sobre la roca de la espiritualidad de la comunión, es decir: con la “mirada del corazón (dirigida) hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado; capacidad de sentir al hermano de fe, para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad; capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios; saber «dar espacio» al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros y rechazando las tentaciones egoistas que continuamente nos acechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desonfianza y envidias” .
LA TRINIDAD FUENTE DE COMUNIÓN
Nos podemos preguntar: ¿qué significa comunión? La comunión expresa la unión íntima de los hombres entre sí y del hombre con Dios. La comunión es la quintaesencia de la solidaridad. La comunión cristiana se centra en una relación de intimidad con Dios, realizada en Jesucristo por el don del Espíritu. La comunión, pues, nos remite al misterio trinitario, en el que la Trinidad comunión y comunidad consumada es principio y último objetivo de la misma Fraternidad de la OFS en sus diversos niveles.
Como la Iglesia es lugar del encuentro de la historia trinitaria de Dios con la historia humana, en la que DiosTrinidad reúne a su Pueblo y es “comunidad de fe, de esperanza y de caridad” , la fraternidad de la OFS, verdadera comunidad eclesial , está llamada a ser signo, instrumento y transparencia de la íntima unión con Dios y de la unidad de los hermanos.
Desde el momento que la comunión es gracia, es don del Padre que hace posible y hasta real la comunión con Él por el Hijo en su común Espíritu, hace posible y no menos real la comunión de los hermanos entre sí, teniendo en cuenta que la “vocación a la OFS es una llamada a vivir el Evangelio en comunión fraterna” .
La invitación a vivir la comunión con, por y en la Trinidad, revela al mismo tiempo las hondas dimensiones del nuevo modelo de comunión entre los franciscanos seglares y la Familia Franciscana, llamados a ser signo de “unidad completa en Cristo” y a “constituir un solo cuerpo en Él” .
La comunión, tanto en su dinamismo vertical: descendente, en cuanto proviene de Dios, y ascendente, en cuanto a Él se dirige y en Él culmina, como en su dinamismo horizontal, expresa “la esencia evangélica de la vida en comunión fraterna” .
La comunión fraterna es gracia. Las estructuras: consejos, ministros, asistencia..., no constituyen la comunión, pero sí que deben ser pedagogos de comunión: orientar, animar, formar y guiar hacia la comunión fraterna, forma concreta del amor a Dios y a los hermanos. “La comunión es don de Dios, que lo ha puesto en nuestras manos como semilla de sembradura”. En esta semilla se ha de poner toda la ilusión, elevando el corazón hacia el Dios Trinidad, pero mirando también a los hermanos y compartiendo con ellos el principio de comunitariedad: la prioridad de lo fraterno y de la fraternidad; el principio de la pluriformidad en la unidad: sin dejar de ser diferentes los hermanos entre sí, ni están aislados ni trabajan aisladamente, y los propios carismas se viven no en el ámbito de lo privado, sino poniéndolos al servicio de la fraternidad; el principio de la reciprocidad y los de la participación y de la corresponsabilidad exigen “la presencia personal, el testimonio, la oración, la colaboración activa, según las posibilidades de cada uno y los eventuales compromisos para la animación de la Fraternidad” .
CAPACIDAD DE CERCANÍA
Hacer de la OFS la casa y la escuela de la comunión significa sentir cercano al hermano desde diferentes ángulos: la caridad, la solidaridad, el diálogo, la misericordia...
PERFIL DE LA CARIDAD
Tertuliano decía en su tiempo que de lo único que podían ser acusados los cristianos era de vivir en fraternidad y en caridad. En la OFS, que es comunidad de amor , el perfil de la caridad se subraya a nivel personal, en la disponibilidad para aceptar los servicios –es lavar los pies a los hermanos y para dejar los cargos ; y a nivel comunitario, en considerar la fraternidad como espacio concreto en el que se comparten los momentos alegres de los hermanos y se afrontan con coraje y amor las situaciones y condiciones difíciles de los mismos.
En la fraternidad, la acogida y el compromiso fraterno se harán inteligibles sólo a través de una caridad realista y concreta realizada con sencillez y cercanía .
La Fraternidad de la OFS, a cualquier nivel, será signo e instrumento de comunión si es abierta al medio en el que vive y a las personas que la rodean.
PERFIL DE LA SOLIDARIDAD
La exigencia de compartir los bienes es señal de auténtica fraternidad y casa de comunión que ahonda sus raíces en la tradición de la Iglesia (cfr. Hch. 4,32). Esta exigencia se transparenta en la solidaridad con el pobre, en quien Cristo cuestiona e interpela con mayor fuerza nuestra solidaridad con Él (cfr. Lc. 19,89), como también en el modo realista de afrontar las necesidades de la propia fraternidad. Un gesto de solidaridad es el compartir los propios bienes para “sufragar los gastos necesarios de la vida de la fraternidad” . La comunicación de bienes es un detalle de la pobreza evangélica, virtud activa, por la que uno se hace pobre para hacer rico al hermano (cfr. 2Cor. 8,9). No se trata de ser pobres o fraternidades pobres, sino de que no los haya. Al mismo tiempo, la comunicación de bienes es signo de la calidad de la vocación y de la pertenencia a la Orden y fruto de una renovación espiritual e intelectual que la permitan ser significativa.
PERFIL DEL DIÁLOGO
Una de las características de la fraternidad franciscana es la solicitud por el hermano, manifestada en una relación familiar y en una comunicación confiada (cfr. 2R. 6,78). Como hermanos, el diálogo es camino de encuentro y de comunicación de la espiritualidad familiar y de planteamientos de los problemas familiares, sociales y eclesiales, y creador de condiciones para la comprensión y el diálogo intergeneracional . En el diálogo, mantenido y sostenido en la vida de fraternidad, es donde los hermanos pueden cimentar su vida de familia, de trabajo, de actividad social en el espíritu de las Bienaventuranzas .
PERFIL DE LA MISERICORDIA
Francisco habla ampliamente en su carta a un Ministro sobre el valor de la misericordia, afirmando que es signo de amor y de acogida hasta para el hermano que no busca misericordia: “Y, si no busca misericordia, pregúntale tú si la quiere. Y, si mil veces volviere a pecar ante tus propios ojos, ámale más que a mí, para atraerlo al Señor; y compadécete siempre de los tales” .
Hay momentos muy delicados en la vida de los hermanos y de las fraternidades, en los que el diálogo, la comunicación, la oración y la misericordia expresión suprema del amor: Dios nos amó primero, siendo nosotros pecadores (cfr. 1Jn. 4,19) intentan robustecer y serenar los ánimos, particularmente en circunstancias en las que el hermano se halla en crisis o toma decisiones no coherentes con su forma de vida evangélica .
CAPACIDAD DE ILUMINACIÓN
La carta aportólica Novo Millennio Ineunte manifiesta que “los espacios de comunión han de ser multiplicados y ampliados día a día, a todos los niveles, en el entramado de la vida” :
EN LA VIDA CRISTIANA
La espiritualidad de la OFS es la espiritualidad franciscana en su vertiente laical, con ciertas características que la diferencian de la misma espiritualidad vivida en el estado religioso de la Primera, la Segunda y la Tercera Orden Regular. El franciscano seglar está llamado a encarnar su vida cristiana en la existencia cotidiana, que lo coloca en el centro de las esperanzas y de las tensiones de la vida y de las estructuras de la sociedad. Su vocación franciscana es seguir a Cristo viviendo la realidad diaria del hombre, del trabajo, del compromsio de transformación y de mejora de la condición de vida, que implica la situación social, cultural, política... Está llamado a vivir los valores y los dinamismos de la humanidad a la luz de la fe y de la comunión eclesial. El compromiso del franciscano seglar está en su capacidad de integrar los valores humanos y los aspectos de las exigencias terrenas con el seguimiento de Jesús.
EN LA SOCIEDAD
La secularidad es la peculiaridad de la OFS, por lo que su vocación es ser cristianos franciscanos responsables e insertos en la vida y en la trama del mundo. El franciscano seglar debe tener conciencia de que el lugar donde debe vivir su vocación franciscana es en el mundo, asumiendo las responsabilidades de la vida de los hombres de este nuestro tiempo y de las estructuras de la sociedad, de sus esperanzas y de sus angustias, de su progreso y de su desequilibrio , y de la repercusión que todo esto tiene en la vida de fe y en la vida eclesial.
La fe del franciscano seglar, comprometido con el proceso evolutivo de la sociedad, debe ser patente en el diálogo y en la contribución, junto con todos los hombres de buena voluntad, por “establecer una civilización en la que la dignidad de la persona humana, la corresponsabilidad y el amor sean realidades vivas” . Se debe poner mucho énfasis para comprenderlo y comprometerse a nivel personal y de fraternidad, con prolongados momentos de escucha de la Palabra: oración, silencio, diálogo, revisión de vida fraterna, y de escucha de la palabra de la Iglesia y de las interpelaciones de la sociedad .
EN LA IGLESIA
El franciscano seglar es parte activa y determinante de la Iglesia, para ser mediación del Evangelio en un mundo que se construye siempre de formas siempre nuevas. En este mundo, y desde su testimonio de fe, el franciscano seglar asume los valores de la autenticidad, de la fraternidad, de la solidaridad humana, de la justicia, del amor, de la comunión, de la paz, como “administradores de los bienes recibidos, a favor de los hijos de Dios” .
Viviendo en “plena comunión con la Iglesia, en abierto y confiado diálogo de creatividad apostólica” , los franciscanos seglares contribuyen en la misión de evangelización y de animación de todas las realidades temporales, viviendo su fe en medio de los desafíos y las esperanzas del mundo moderno.
CON LA FAMILIA FRANCISCANA
Como miembro de la Familia Franciscana, el franciscano seglar se siente cercano a los demás franciscanos, religiosos y religiosas, a vivir la comunión y a continuar su misión eclesial y social con los otros componentes de la Familia Franciscana .
En este sentido, los consejos y los ministros, son invitados a vivir y promover el espíritu y la comunión con la Familia Franciscana . La comunión con la Iglesia y la unión con la Familia Franciscana, reflejo de la fidelidad de la OFS al carisma franciscano , descansa y se robustece en y con el interés que surge de la misma asistencia espiritual. Es más, ésta, como signo de comunión y corresponsabilidad, se concreta en la visita pastoral a las Fraternidades .
CAPACIDAD DE CORRESPONSABILIDAD
“La teología y la espiritualidad de la comunión aconsejan una escucha recíproca y eficaz entre pastores y fieles, manteniéndolos por un lado unidos a priori en todo lo que es esencial y, por otro, impulsándolos a confluir normalmente incluso en lo opinable hacia opciones ponderadas y compartidas” .
En este apartado subrayo cuatro aspectos fundamentales en que la “comunión vital recíproca” ha de ser trabajada con energía e convicción: la formación, la evangelización, las realidades terrenas y la promoción humana.
LA FORMACIÓN
La formación del seglar franciscano dentro de su carisma, como forma específica de vivir la fe cristiana, es requisito indispensable para otorgar calidad a los miembros de la OFS, y que, junto a los signos de identidad y de pertenencia, y la conciencia diferenciada, puede contribuir a una mejor adecuación de la Orden Franciscana Seglar en la vida de la sociedad y en la misión de la Iglesia.
Sólo una adecuada formación, en la que se incluya junto a los aspectos teóricos la experiencia de vida y programas de acción concreta a favor de los pobres y de los marginados, hará realidad en la OFS que “el mensaje cristiano, no aparta a los hombres de la tarea de la construcción del mundo, ni les impulsa a despreocuparse del bien de sus semejantes, sino que les obliga más a llevar a cabo esto como un deber” . Siendo conscientes de que “quien sigue a Cristo, hombre perfecto, se hace a sí mismo más hombre”, les impulsará en sus ambientes a crear condiciones de vida más dignas para sus semejantes.
LA EVANGELIZACIÓN
El apostolado no nace de una iniciativa personal sino que se recibe de la Iglesia y “es subraya Pablo VI la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda” . El franciscano seglar debe sentir la misión como fruto maduro de una vida de fraternidad. Vivir su eclesialidad y su ciudadanía animado por el carisma franciscano, “pasando del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio” , teniendo muy en cuenta que la Iglesia y el mundo no están el uno al lado del otro, ni el uno contra el otro, sino que se compenetran mutuamente, por lo que el testimonio de vida y “las obligaciones propias de cada uno” no son dos tareas separadas, sino que se integran en el compromiso concreto del hombre. Y viviendo como viven en medio del mundo, “tienen que ejercitar por eso mismo una forma singular de evangelización” , esto es, llevando la fuerza renovadora del Espíritu al corazón de los acontecimientos y de todas las realidades terrenas.
LAS REALIDADES TERRENAS
Como el laico en la Iglesia, el franciscano seglar está llamado a santificar los aspectos seculares de la vida. Al franciscano seglar, dentro de la Familia Franciscana, le caracteriza su peculiar modo de relación con el mundo y en medio del mundo, esto es, su secularidad. Por lo tanto, cuanto la Lumen Gentium afirma del laico vale para el franciscano seglar; “lo propio y peculiar del franciscano seglar es su carácter secular” , participando responsablemente “en la misma misión salvífica de la Iglesia” . Por lo tanto, su tarea primaria e inmediata es “la actuación de todas las posibilidades cristianas y evangélicas escondidas, pero ya presentes y operantes en las realidades del mundo” , a saber: en la política, en la vida social y económica, en la cultura, en los medios de comunicación social, en el trabajo, en la familia, en el amor, en la estética...
LA PROMOCIÓN HUMANA
Un aspecto fundamental de la misión del franciscano seglar es la promoción humana. Promover al hombre y sus valores significa liberarlo de toda forma de esclavitud y de todo condicionamiento psicológico, económico y cultural. El esfuerzo con los hombres de buena voluntad, por construir una sociedad más justa, más humana, más atenta a devolver a los pobres y a los margnados el lugar y la dignidad que les corresponde, es una misión evangélica. Dice la Novo Millennio Ineunte: “Si hemos partido de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que Él mismo ha querido identificarse... No debe olvidarse, ciertamente, que nadie puede ser excluido de nuestro amor” . Y esta actitud no debe manifestarse sólo con gestos devotos y religiosos, sino también, y particularmente porque la verdadera oración lleva a ello, inmersos en las estructuras de la sociedad con estilo franciscano: en la cultura, en la política, en la economía, en la familia, en el trabajo por la justicia, en el respeto a la vida de cada ser humano, en la esperanza de la civilización del amor. Esto han de realizarlo, dice Juan Pablo II, “sobre todo los laicos, en virtud de su propia vocación, quienes se hagan presentes en estas tareas, sin ceder nunca a la tentación de reducir las comunidades cristianas a agencias sociales” .
CONCLUSIÓN
Quiero acabar el tema de la Orden Franciscana Seglar como casa y escuela de comunión, asumiendo la gran importancia que tiene este espacio en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia. La espiritualidad de la comunión es como el alma de la nueva humanidad. Es el mapa en el que los caminos de encuentro, comprensión y colaboración del hombre de hoy están pasando por una deliberada aunque laboriosa creación de espacios y vínculos comunitarios, donde las personas pueden reconocerse y comunicarse como tales. En este aspecto el sentido fraterno de la OFS puede ayudar y potenciar esos puntos de encuentro, como “llamada a la confianza y apertura que responde plenamente a la dignidad y responsabilidad de cada miembro” de la OFS.
Para que la OFS llegue a ser casa y escuela de comunión, se le exige, como fraternidad, en sus diversos niveles, y como franciscano seglar, a nivel personal:
ser instrumento de unidad, de paz y de fraternidad en un mundo dividido, violento, frío, indiferente y egoista, en el que la “civilización del amor” sigue siendo el gran sueño;
vivir la amistad y la caridad entre los miembros de las propias fraternidades, con los hombres de buena voluntad, acercándolas también a las fronteras de los marginados y de los pobres;
compartir las esperanzas y los gozos, las tristezas y las angustias de nuestra sociedad, de los hombres de hoy, pero sobre todo de los más desfavorecidos, manteniendo encendida la lámpara de la esperanza;
brindar una estrecha colaboración a todos cuantos buscan la transformación del mundo según el designio de Dios;
comprometerse con “iniciativas valientes”, en sintonía con la vocación franciscana y las directrices de la Iglesia, en el campo de la promoción humana y de la justicia ;
señalar el espíritu de solidaridad, de amistad y de acogida que debe animar toda relación social que viven los hermanos en el mundo y con el mundo;
encarnar la “sociedad trinitaria”, como substrato de la fe en el Dios Trino, en la que muchos “yos” y “tús” se buscan y se encuentran en la síntesis del “nosotros” o “nosuno” comunional;
ser “comunión” encarnada, para significarla y hacerla realidad en la fraternidad y, desde aquí, en la Iglesia y en la sociedad. |